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CancerberuZ

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CancerberuZ, el comienzo de una gran historia

Muy pocas personas han tenido la experiencia de morir y volver a la vida, muy pocas almas son capaces de sobrevivir a los tortuosos caminos que el hades nos depara. Muy pocos, e infinitamente pequeña es la posibilidad de salir de ahí y de ver lo que yo vi.

Luego de morir, y mientras mis hermanos aún sangraban en el campo de batalla, tres brujas tomaron mi alma y la llevaron hasta las orillas de un río. Allí, me entregaron dos obsequios “-Por mis meritos en batalla-”, dijeron. Yo, sin entender los acepté.

En mi mano derecha, una moneda de oro, en mi izquierda, una caja de madera sellada.

Al poco tiempo de espera, de entre la bruma, se hizo visible una silueta trémula que se aproximaba lentamente, como si todo el tiempo del mundo estuviera de su parte.

Pronto, pude ver de quien se trataba, era Caronte, el barquero.

Le di mi moneda pensando que el pequeño cofre seria algo de mayor valor; el la acepto sonriendo, o tal vez burlándose, fue difícil descifrar su expresión. Y de la misma forma en que llegó, me trasladó hacia el otro lado de un río rojizo, el que, en su interior, albergaba viejas osamentas, oxidadas armaduras y cadáveres en descomposición.

El viaje fue silencioso, inquietantemente silencioso, hasta la llegada, momento en el cual mi guía me regalo unas pocas palabras en un tono seco, áspero, como si hiciese siglos que no entonaba su voz.-“tu sabiduría te ayudará frente al guardián, mortal, conserva la calma y abre tu mente”.- nunca olvidaré sus palabras, quizás por el miedo que causaba su voz, o por la sabiduría de las mismas. Conservar la calma, abrir la mente.

Una vez al otro lado, un camino marcado por las huellas imborrables de tantos otros que ya pasaron por allí, me condujo hasta lo que sería mi última parada en aquella travesía. Tras una gran montaña de escombros y horror, se encontraba una puerta de metal de igual o mayor magnitud; se veía fría, impenetrable, amenazadora. Mi cuerpo se detuvo súbitamente. De haber conservado algún rastro de vida, de seguro hubiese podido escuchar los latidos de mi corazón en aquel preciso momento; no fue así. Lo único que pude percibir fue un profundo resuello, un ligero esnifar, y un tenebroso gruñir. Y a los pocos segundos, se presentó ante mí la gran bestia del averno, CanCerberuZ, el guardián.

CanCerberuZ, el vigilante del hades, se interpuso entre la puerta y mi andar, esa ha sido siempre su misión, a ningún extraño dejar pasar, y ningún condenado ha de escapar. Su mirada era fiera, su gruñir tenebroso, me sentí pequeño, vulnerable, tanto como si un solo soplido de esas enormes fauces me fuesen a pulverizar.

Estaba muerto, lo sabia, pero ¿y si había algo peor que eso? -El monstruo tricéfalo dio unos pasos hacia adelante, y el suelo se estremeció. Mi alma se encogía e instintivamente mis ojos se cerraron. ¿Acaso el Guardián del Inframundo no me había considerado digno de entrar en sus dominio?; y entre el miedo y las lagrimas los recordé a ustedes hijos míos, a ti, mi amada esposa. Luché por ustedes, morí por ustedes, solo eso me bastaba.-

Y el tiempo se detuvo.- solo pude sentir una gélida brisa en mi rostro.- rápidamente abrí mis ojos para ver que pasaba. Era Cerberuz que resollaba a solo unos milímetros de mí. ¿Por qué se ha detenido? ¿Por qué simplemente me mira?- la verdad es que no entendí lo que pasaba, hasta que se me ocurrió extender mi mano izquierda.

El guardián dio un paso atrás, levantó una de sus pesadas pata y la abalanzó contra mi. Una gran onda de viento arremolinó el polvo del lugar y por un segundo todo fue confuso.

La caja había desaparecido de mi mano, Luego, Cerberuz se dispuso a hablar. Su voz era estridente; resonaba solo en mi cabeza, como trompetas del infierno.-

-Mortal. Dijo.-…Eres merecedor de entrar a mis dominios. Tu alma, pura y sacrificada junto con tu innato talento han demostrado valor tanto en vida como en la muerte. Y es Por ello que tengo un trato que ofrecerte.-

Ante mi nula respuesta el me invitó a que lo siguiera, ni siquiera intenté negarme, y juntos recorrimos lo que Él denominaba, La Red. Mientras andábamos, CerberuZ me contó que ese lugar era una enmarañada trama de laberintos, todos interconectados, en donde se depositaban todo tipo de obras creadas por los sueños de los mortales. Ahí se guardan todas aquellas maravillas que quizás nunca verían la luz.

Era un lugar fascinante; Todo el temor que tenía fue diluido entre tantas maravillas que allí se encontraban. Detrás de cada esquina había oculto una obra de arte, libros, esculturas, grandes construcciones, todas salidas del inconciente colectivo de la humanidad. Aun no terminaba de cautivarme, cuando CanCerberuZ se detuvo y me dijo.- ¿Y bien?, ¿estas listo para oír mi Propuesta?- asentí con la cabeza.-

Desde hace mucho tiempo que resguardo todas estas maravillas, desde que el primer humano tubo su primer pensamiento, hasta ahora.

Pero e visto el mundo que se ha estado forjando en la superficie. Han perdido todo contacto con sus espíritus, con sus sueños y dentro de poco, ya nadie podrá entrar al Hades, y aquel río que Caronte protege, se llenará de cadáveres de almas olvidadas.

Es por ello que quiero que vuelvas al mundo mortal, llevándote contigo las piezas que desees, y las des a conocer al mundo entero, esa será tu misión, la te tus hijos y todos aquellos que hereden tu sangre. A cambio, todos estos tesoros te serán entregados a ti y a tu familia, y podrás entrar y salir de esta Red cuando lo necesites. Ahora hijo mío, ¿cual es tu respuesta?- y las palabras del barquero hicieron eco en mi interior, conservar la calma, abrir la mente.- y la respuesta se hizo obvia.’’

Luego de eso, mi abuelo, despertó. Su cuerpo aun se encontraba en el campo de batallas.

Se puso de pie, tiro su armadura, su espada, y se marcho a casa Y allí, contó esta historia a sus hijos, a mi padre.

Decenas de libros fueron escritos de su puño y letra, miles de obras fueron construidos de sus planos, y nosotros, continuaremos con su legado, mientras que en los sueños, viajamos a la Red con CerberuZ como nuestro guía y damos vida a los sueños de aquellos incautos, temerosos de expresarse. Este es nuestro legado hijos, las tres cabezas han hablado.

El comienzo

 

 

 

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